La comprensión de la historia precolombina de Sudamérica se enriquece al explorar sitios arqueológicos que revelan la complejidad de las sociedades antiguas. Entre estos, los "pukará" (o pucará) emergen como estructuras fascinantes, desempeñando roles multifacéticos que abarcan desde la defensa hasta el centro de desarrollo cultural y religioso. Este artículo se adentra en la ubicación y las características de estos importantes enclaves, centrándose en la cultura Pukará del altiplano andino y el Pukará de Quitor en el desierto de Atacama.
La Cultura Pukará: Cuna de Civilización en la Cuenca del Titicaca
El altiplano andino, una vasta meseta situada a gran altitud, fue testigo del desarrollo de culturas preincaicas de gran envergadura. Una de las más significativas fue la cultura Pukará, que floreció en el sector nor-occidental de la cuenca del Lago Titicaca, en el actual departamento peruano de Puno. Este sitio arqueológico, que da nombre a la cultura, se convirtió en el epicentro de un desarrollo que abarcó varios siglos y dejó una huella indeleble en la región.

Según los especialistas, la cultura Pukará experimentó dos fases principales de desarrollo dentro del período Formativo. La primera, conocida como Formativo Medio, se extendió aproximadamente desde el 1400 a.C. hasta el 550 a.C. Durante este tiempo, se sentaron las bases para lo que vendría después. La segunda fase, el Formativo Tardío, abarcó desde el 550 a.C. hasta el 400 d.C. Fue en este período cuando la cultura Pukará alcanzó su apogeo, manifestándose en una producción escultórica y cerámica de una vitalidad y particularidad notables.
El pueblo de Pukará, con una extensión aproximada de seis kilómetros cuadrados, no fue un asentamiento cualquiera; constituyó el primer núcleo propiamente urbano del altiplano lacustre. Su influencia se extendió considerablemente, alcanzando por la Sierra Norte hasta el valle del Cuzco y por el sur hasta la región de Tiahuanaco. Este dominio territorial y cultural subraya la importancia de Pukará como un centro de poder y organización social en la región.
La cultura Pukará demostró un dominio excepcional sobre su entorno. No solo supieron aprovechar los recursos naturales disponibles, sino que también innovaron, como en el caso de la domesticación de la alpaca, para obtener lanas de alta calidad. La evidencia de esto se ha encontrado en excavaciones donde se han hallado restos de animales adultos, sugiriendo una práctica ganadera avanzada. La organización social de Pukará se caracterizaba por una jerarquía de sitios, que incluía un núcleo principal, varios centros de menor tamaño y aldeas dispersas por la cuenca norte del Titicaca. Los centros secundarios, en particular, exhibían una arquitectura compleja y refinada, indicando funciones administrativas y de gestión.
La cerámica Pukará es otro de sus legados más apreciados. Elaboraron una cerámica de gran belleza, cuya forma más distintiva fue un vaso de boca ancha con una base muy gruesa. Durante el Formativo Tardío, la producción de estatuaria lítica cualitativa y cuantitativamente importante se convirtió en una marca distintiva de la formación social de la cuenca norte del Titicaca.
Pukará y Tiahuanaco: Una Relación de Admiración y Continuidad
La relación entre Pukará y la posterior cultura Tiahuanaco es un tema de gran interés arqueológico. Se ha planteado que, de manera similar a cómo los Incas quedaron maravillados ante las ruinas de Tiahuanaco, los antiguos habitantes de Tiahuanaco pudieron haber sentido una profunda admiración por Pukará siglos antes. Existe la hipótesis de que Pukará pudo haber sido considerado un lugar sagrado, e incluso asumido como un "paqarina" o lugar de origen por los tiwanakotas.
Esta posible veneración se habría manifestado en la copia de modelos arquitectónicos y la traslación de elementos culturales a la capital de Tiahuanaco, en la cuenca sur. El masivo traslado de esculturas desde la cuenca norte del lago hacia Tiwanaku se interpreta como un ambicioso "Proyecto de Estado", impulsado por las élites dirigentes y ejecutado por contingentes humanos dirigidos por los sabios de la época, a quienes podríamos considerar ingenieros. Es importante destacar que no solo las esculturas del período de auge de Pukará fueron objeto de veneración en Tiahuanaco, sino también piezas líticas del Formativo Medio encontradas entre las ruinas tiwanakotas. La colección de esculturas pukará en Tiahuanaco sugiere un origen en diversos asentamientos de la esfera Pukará, anteriores al desarrollo de Tiwanaku.
Siglos más tarde, Tiahuanaco, en su búsqueda por mantener su hegemonía, pareció adoptar estrategias similares a las de Pukará. Un ejemplo notable son los "chachapumas", figuras que se cree representaban sacerdotes con máscaras felínicas, asociados a rituales de sacrificio.
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Pukará de Quitor: Fortaleza Atacameña en el Desierto
Cruzando el vasto altiplano y adentrándonos en el árido paisaje del desierto de Atacama, encontramos otro sitio que comparte el nombre y la función defensiva: el Pukará de Quitor. Ubicado a tres kilómetros al norte de San Pedro de Atacama, en la Región de Antofagasta, Chile, este pucará es una construcción preincaica que data del siglo XII. Su localización estratégica en un recodo de la quebrada por donde fluyen las aguas del río San Pedro, y sobre un plano inclinado de fuerte pendiente, le confirió una posición defensiva formidable.
El Pukará de Quitor toma su nombre de la agrupación agraria prehispánica, el "Ayllu" de Quitor, cuyos campos de cultivo se extendían al pie de esta fortaleza. Fue erigido en el transcurso del siglo XII como una respuesta a los designios expansionistas de los pueblos vecinos aymaras. Esta fortaleza es un testimonio de la capacidad del pueblo Atacameño para defenderse de otros grupos que habitaban Sudamérica, constituyendo una de las pocas ciudades defensivas de un pueblo indígena de esta envergadura conservadas en Chile.

La vida en el Pukará de Quitor se caracterizaba por una población estable con actividades de subsistencia basadas en la recolección de frutos como el chañar y el algarrobo, complementadas con agricultura y pastoreo. Su función principal era la defensa ante eventuales asedios bélicos, con una labor económica secundaria orientada a proteger las rutas comerciales, dada su importante ubicación estratégica.
El pukará se sitúa en la ladera sur de la quebrada en la Cordillera de la Sal, por donde fluye el río San Pedro. Su construcción se realizó con piedra rojiza, que bajo el sol y la arena puede adquirir tonalidades blanquecinas. En tiempos de paz, los pukarás como el de Quitor eran utilizados por los caudillos Atacameños para consolidar su autoridad sobre las aldeas circundantes.
La estructura del Pukará de Quitor es impresionante. El cerro sobre el que se asienta alcanza una altura máxima de 80 metros, desde donde se podía controlar el avance de los enemigos. Las construcciones se distribuyen en un espacio de aproximadamente 24.000 m², rodeadas por un muro serpenteante que servía como primera línea defensiva. El pukará se extiende por el cerro en forma de terrazas, aprovechando las empinadas laderas como defensa adicional.
Las construcciones, de forma circular o cuadrada, constaban generalmente de un solo ambiente, aunque algunas estaban divididas en dos. En la mayoría se encontraba una estructura más pequeña, interpretada como un silo para almacenar maíz, madera y otras provisiones. Se han registrado alrededor de 200 estructuras, organizadas en conjuntos arquitectónicos separados por vías de acceso y espacios entre los recintos. Las estructuras de mayores dimensiones probablemente funcionaban como plazas, espacios de uso comunal o corrales.
El Pukará de Quitor, una antigua ciudadela utilizada como fortaleza indígena que data de más de 700 años, fue declarado Monumento Nacional por Chile en 1982. Su construcción preincaica, que data del siglo XII, está realizada en piedras que trepan el cerro a modo de fortaleza, con un muro defensivo perimetral. Todas las construcciones en Quitor son de piedra, generalmente sin labrar y extraída del banco de liparita sobre el que se asienta el complejo.
Explorando los Sitios Arqueológicos de Pucará
Para aquellos interesados en visitar el complejo arqueológico de Pucará en el departamento de Puno, la ruta es accesible. Se debe tomar un transporte hacia la ruta Puno - Juliaca, un trayecto que toma aproximadamente 45 minutos. Esta visita ofrece la oportunidad de adentrarse en el legado de una de las culturas más influyentes del altiplano andino y comprender su impacto en la configuración del paisaje cultural y social de la región.
El complejo arqueológico de Pucará es un vestigio de una cultura preincaica que antecedió a Tiahuanaco y la cultura Wari. Su desarrollo, centrado en la elaboración de cerámicas con características distintivas en sus diferentes etapas, culminó en un período clásico final donde se alcanzó la perfección y calidad en su producción. La organización de la sociedad Pucará estaba basada en la teocracia, y desarrollaron significativas representaciones talladas en piedra, incluyendo monolitos que representan personajes y lápidas con iconografía simbólica relacionada con sus creencias religiosas y mitológicas.
La investigación arqueológica, iniciada por estudiosos como Luis E. Valcárcel en 1925, ha desenterrado valiosas piezas cerámicas y líticas, como el "Sacrificador" o "Nakaj", la "Pilastra de la lluvia" y "El gato lacustre". Las conclusiones iniciales de Valcárcel sugirieron que Pucará fue una plaza militar y un centro industrial (alfarero) de primer orden, considerándolo un "acontecimiento" para la averiguación de los tiempos preincaicos y un posible punto de expansión de la Gran Cultura Andina.
La comprensión de la ubicación y la función de los pukará, tanto en el altiplano andino como en el desierto de Atacama, nos permite apreciar la diversidad y sofisticación de las sociedades precolombinas, revelando centros de poder, cultura y resistencia que continúan fascinando a investigadores y visitantes por igual.