
La historia de las comunidades costeras de Chile y Perú está intrínsecamente ligada al mar, un proveedor de sustento y un medio de vida. Entre las ingeniosas adaptaciones desarrolladas por estos pueblos para interactuar con el océano, las balsas de cuero de lobo marino, también conocidas como "balsas de cuero de lobo" o "balsa de cuero de lobo", ocupan un lugar destacado. Estas embarcaciones, que jugaron un rol crucial en las actividades de pesca y arponeo, especialmente en épocas precolombinas, representan un fascinante ejemplo de tecnología ancestral adaptada a un entorno desafiante.
Orígenes y Desarrollo de las Balsas de Cuero de Lobo
Las balsas de cuero de lobo marino se asocian principalmente a los grupos costeros conocidos como Changos, quienes habitaron la franja litoral del actual Chile y Perú. Cronológicamente, se ubican en el periodo Intermedio Tardío, abarcando aproximadamente entre el año 1000 y 1450 d.C. Según relatos de cronistas hispanos e investigaciones contemporáneas, este ingenioso diseño de embarcación permitió a sus usuarios una mayor movilidad mar adentro. Esta capacidad de desplazamiento les facilitó el acceso a zonas con mayor abundancia de recursos marinos, optimizando así la explotación de los productos del mar. Además, las balsas facilitaban el traslado entre las caletas cercanas, fortaleciendo la interacción y el intercambio entre las comunidades.
El arqueólogo Hans Niemeyer, en sus trabajos de 1965-1966, postuló que la balsa de cuero de lobo se habría originado en la costa chilena. Identificó como sectores hipotéticos de mayor desarrollo el territorio comprendido entre Tongoy, al sur, y el río Loa, al norte. A partir de esta zona, se habrían difundido hacia el sur y el norte, respectivamente, siempre asociadas al contexto cultural "chango".

La relevancia de esta tecnología se evidencia en el contacto que Niemeyer estableció en 1965 con don Roberto Álvarez, conocido en la zona de Chañaral como "el Chango". Álvarez, quien recordaba la técnica de construcción aprendida de su padre, accedió a la solicitud de Niemeyer de construir una balsa. La construcción se completó en abril de 1965, demostrando la persistencia de este conocimiento ancestral.
La Técnica de Construcción y sus Materiales
La construcción de estas balsas era un proceso meticuloso que requería un conocimiento profundo del entorno y de los materiales disponibles. La base de la embarcación consistía en dos flotadores principales, elaborados a partir de la piel del lobo de mar común (Otaria flavescens). Estas pieles eran cuidadosamente cazadas, generalmente en las loberas ubicadas en islotes cercanos a la costa.
El proceso de preparación de los flotadores implicaba cortar las pieles en forma trapezoidal y coserlas para formar odres o piernas. Para la costura, se utilizaban espinas obtenidas de la vegetación local, como el quisco, guillave o copao. Los márgenes de las pieles se unían con puntadas muy cercanas, a no más de medio centímetro de distancia entre cada agujero.
Una vez cosidas las pieles, se procedía a inflarlas. Para ello, se insertaba un canuto en el extremo de cada odre, al que se conectaba una tripa de aproximadamente 0.5 metros. Tras inflar el odre, la tripa con el canuto se enrollaba en un "padrón", asegurando la estanqueidad y la flotabilidad de los odres.
Sobre estos flotadores inflados se colocaba una plataforma de madera, que servía como base para la tripulación y el equipo de pesca. Generalmente, estas balsas se impulsaban a remo, aunque hay referencias de su uso hasta cuatro leguas de la costa, lo que podría implicar el uso de algún tipo de vela rudimentaria. Eran aptas para navegar con hasta cuatro marineros.
Funcionalidad y Uso de las Balsas
La balsa de cuero de lobo marino era una herramienta versátil, fundamental para la subsistencia de las comunidades Changos y otros grupos costeros. Su principal función era facilitar la pesca y el arponeo. La capacidad de desplazarse mar adentro permitía a los pescadores alcanzar zonas con mayor concentración de peces y mamíferos marinos, optimizando así sus capturas.
Además de la pesca, estas embarcaciones también se utilizaban para el transporte. Se empleaban para trasladar minerales desde pequeñas localidades hasta los puertos de exportación, como en el caso de Paposo hasta Cobija. Asimismo, servían para el abastecimiento de aldeas costeras desde puertos mayores.
La movilidad que ofrecían estas balsas también era crucial para el desplazamiento entre caletas, fomentando la interacción social y el intercambio de bienes y conocimientos entre las diferentes comunidades.

La Persistencia del Legado
El conocimiento sobre la construcción de las balsas de cuero de lobo se transmitió de generación en generación. Roberto Álvarez, el último constructor conocido de este tipo de embarcación, heredó esta tradición ancestral de la familia Vergara. La familia Vergara, como pueblo costero, se movía constantemente, asentándose en distintas caletas del norte chico, lo que evidencia la movilidad intrínseca a su modo de vida y la adaptabilidad de este conocimiento.
Registros de la época, como los mencionados en la libreta de campo de Iribarren, indican que estas balsas se utilizaron hasta mediados del siglo XX, específicamente en la década de 1950. Esto demuestra la notable longevidad y eficacia de esta tecnología ancestral, que perduró durante siglos, adaptándose a las necesidades y al entorno de las comunidades costeras.
El Museo Nacional de Historia Natural conserva en sus colecciones los flotadores de una balsa de cueros de lobo, que, a pesar de no estar completa (falta el empalizado y los remos), atestigua la existencia y la importancia de estas embarcaciones.
Replica y miniaturas de las balsas de cuero de lobo marino
Geografía y Entorno de las Balsas
La zona de desarrollo y uso de las balsas de cuero de lobo marino se extiende a lo largo de la árida costa del desierto de Atacama y regiones adyacentes en Chile y Perú. Esta región se caracteriza por su geografía particular, con la Cordillera de la Costa cayendo abruptamente al mar, resultando en planicies litorales estrechas o inexistentes. La ausencia de árboles en gran parte de esta zona costera hizo que la utilización de cueros de lobo marino fuera una solución ingeniosa y accesible para la construcción de embarcaciones.
El norte grande de Chile, donde se concentró el desarrollo de estas balsas, presenta climas áridos con escasas lluvias. Sin embargo, la corriente de Humboldt modera las temperaturas, creando condiciones de "eterna primavera" en la costa, lo que favorece la presencia de vida marina y, por ende, de lobos marinos. Los ríos como el Loa, que desemboca permanentemente en el mar, y otros cursos que permanecen secos o intermitentes, también jugaban un papel en el ecosistema costero.
La abundancia de lobos marinos en las islas cercanas a la costa era fundamental para la obtención del material principal de las balsas. Estos animales marinos, al perseguir cardúmenes de peces como las sardinas, se concentraban en las bahías del litoral, facilitando su caza por parte de los Changos.
Contexto Cultural y Social
Las balsas de cuero de lobo marino no solo eran herramientas de subsistencia, sino que también formaban parte integral de la cultura y la cosmovisión de los pueblos costeros. La vida de los Changos estaba profundamente ligada al mar, y sus prácticas culturales reflejaban esta conexión.
En el contexto más amplio de los pueblos originarios de la zona austral de América, como los Kaweskar, se observa la utilización de embarcaciones adaptadas a su entorno. Los Kaweskar, por ejemplo, utilizaban canoas de cortezas de árbol (hallef) y posteriormente la dalca chono, embarcaciones que les permitían navegar por los canales y fiordos de la Patagonia. Si bien sus embarcaciones eran diferentes en materiales y construcción, compartían la misma funcionalidad de permitir la movilidad y el acceso a recursos en entornos geográficos complejos.
La cultura Kaweskar, al igual que la de otros pueblos originarios, se basaba en creencias espirituales y prácticas sociales específicas. Creían en un ser supremo, Xolás, y practicaban el chamanismo. Su lengua, profundamente marcada por su geografía, reflejaba una cosmovisión particular. A pesar de los contactos con colonos y las dificultades enfrentadas, como la disminución de su población y la transculturación, el legado cultural de estos pueblos persiste.
La historia de las balsas de cuero de lobo marino es un testimonio de la ingenuity humana y la profunda conexión entre las comunidades y su entorno natural. Estas embarcaciones, nacidas de la necesidad y perfeccionadas a lo largo de siglos, permitieron a los pueblos costeros prosperar en uno de los litorales más áridos y desafiantes del planeta, dejando un legado cultural y tecnológico invaluable.