La Casa Romana: Reflejo de una Sociedad y su Evolución

La vivienda en la antigua Roma era mucho más que un simple refugio; era un espejo de la identidad, el estatus social y los valores de sus habitantes. A través de sus diferentes tipologías, la casa romana nos revela la compleja estructura de una sociedad en constante evolución, desde las humildes cabañas de sus orígenes hasta las suntuosas residencias que aún hoy asombran. Las casas romanas tuvieron su origen en la etrusca, pero muchas de sus partes las encontrábamos ya en las casas griegas. En un principio, las casas de la Grecia Neolítica eran de planta circular, aunque fueron evolucionando hacia la forma rectangular.

Recreación de una cabaña romana primitiva (casae)

Las influencias helénicas jugaron un papel crucial en la transformación del diseño residencial romano. Los romanos, fascinados por la cultura griega, comenzaron a incorporar elementos arquitectónicos como columnas y patios interiores en sus hogares. El uso de mosaicos y frescos en las paredes y suelos de las domus reflejaba esta influencia griega. Estas decoraciones no solo servían para embellecer el espacio, sino que también contaban historias mitológicas y escenas de la vida cotidiana, convirtiendo a la casa en un lugar de expresión artística y cultural. La absorción de las influencias helénicas no fue meramente superficial; también tuvo un impacto profundo en la organización social de la casa. El diseño de las domus, con sus espacios dedicados a la vida pública y privada, reflejaba la importancia de la hospitalidad y el estatus social en la cultura romana.

La Domus: El Hogar del Ciudadano Romano

La domus era la vivienda unifamiliar por excelencia, ocupada por un solo propietario y su familia. Sería el tipo de casa más parecida a las viviendas actuales, aunque con una distribución y un propósito que reflejaban la idiosincrasia romana. Las domus eran las viviendas de familias con un cierto nivel económico, cuyo padre de familia tenía el título de ‘dominus’. Algunas de las domus romanas mejor conservadas se encuentran en Pompeya y Herculano. Ya que con la erupción del volcán Vesubio (79 d.C) muchas de estas casas quedaron sepultadas de lava, lo que les permitió conservar un magnífico estado. La domus romana era la clásica vivienda de los romanos, pero no era en cambio el tipo de casa estándar.

En los primeros días de Roma, las viviendas eran simples cabañas redondeadas conocidas como casae, construidas principalmente con barro y techos de paja. Estas estructuras básicas proporcionaban un refugio esencial para las familias romanas, en una época en la que la supervivencia dependía de la protección contra los elementos. Bajo la influencia de los etruscos, estas casas se convirtieron en rectangulares y, para albergar a toda la familia, formaban un recinto en torno a un patio central que daba a un jardín (hortus), también incluido en el recinto.

Plano de una Domus romana

La domus se caracterizaba por su organización alrededor de una estancia central o atrio, resguardada del exterior con pocas ventanas y adornada con frescos y mosaicos. El mobiliario de las casas romanas era muy escueto y funcional. Las camas servían a los romanos, además de para dormir y tener relaciones sexuales, para comer recostados y para acomodarse en cualquier circunstancia, como los actuales sofás. Para el alumbrado de las casas se utilizaban antorchas, velas y lucernas (lámparas de aceite). Las habitaciones se calentaban por medio de estufas de bronce o braseros fijos (en algunas viviendas ricas hubo hipocaustos, una forma de calentar el suelo que se usó sobre todo en las termas y que es el precedente de las "glorias" de la arquitectura rural española). El suelo de las viviendas ricas se solía cubrir con mosaicos, que, en caso de tener temas figurativos, podían hacer referencia a la finalidad de la habitación donde se encontraban.

Partes Fundamentales de la Domus

La estructura de la domus se componía de diversas estancias, cada una con una función específica:

  • Vestibulum: Era la entrada de la domus, la antesala que daba paso al interior. Podía presentar una fachada con ventanas altas o carecer de ellas, a veces "camuflada" con una pequeña portería.
  • Tabernae: Tiendas o locales comerciales que solían ubicarse en la parte delantera de la domus, con acceso directo desde la calle. Los popinae se dedicaban a la venta de comida y bebida.
  • Atrium: El núcleo central de la domus, un patio interior que heredaba la tradición etrusca. Las demás estancias se distribuían a su alrededor. Era el lugar donde los romanos hacían vida doméstica y donde se recibía a las visitas. Contaba con un impluvium central para recoger el agua de lluvia y a menudo albergaba el lararium.
  • Impluvium: Una especie de cisterna o pilón situado en el atrio, diseñado para recoger el agua de lluvia que caía a través del compluvium (la abertura en el techo del atrio).
  • Culina: La cocina. No aparecía en las domus más antiguas, siendo inicialmente un rincón del atrio. Podía tener agua corriente y la vajilla más usual era la "terra sigilata".
  • Cubicula: Las habitaciones destinadas al descanso y al sueño. Se encontraban en torno al patio interior y podían estar adornadas con mosaicos y frescos, a veces con alusiones a parejas mitológicas famosas. Poco mobiliario las caracterizaba. En algunas domus, como en Itálica, podían tener acceso a termas y patios privados.
  • Tablinum: Situado al fondo del atrium, entre este y el huerto o jardín. Originalmente era la habitación donde dormía el padre de familia y donde se guardaban los archivos familiares. En esta sala también se situaba el pequeño santuario (lararium) dedicado a los Lares y Penates, muchas veces situado en un nicho en la pared.
  • Triclinium: El comedor formal. Su nombre se debe a los tres divanes (klinai) dispuestos en torno a mesas auxiliares, sobre los cuales los comensales se reclinaban para comer. No usaban cuchillo. Los banquetes, o "cenae", eran eventos sociales importantes. Podía existir un triclinium de verano al aire libre.
  • Peristylum: Un patio o jardín posterior, rodeado de columnas (de ahí su nombre). No existía en las primeras domus, pero se hizo común en épocas posteriores. Con fuentes y estatuas, podía albergar un triclinium de verano. El salón de reuniones con columnas y cubierto por bóvedas hace su aparición en el siglo I a. C. Con él eran más las estancias dedicadas al ocio. Ahora todas ellas se distribuyen en torno al peristilo en lugar de en torno al atrio, que ha perdido protagonismo. En época altoimperial el peristilo queda abierto y es típico poner una fuente monumental en su centro.
  • Hortus: El jardín o patio trasero. Ofrecía un refugio tranquilo del bullicio urbano. En el hortus, los romanos cultivaban una variedad de plantas, desde flores ornamentales hasta hierbas medicinales y árboles frutales. Este espacio verde no solo embellecía la domus, sino que también proporcionaba productos útiles para la vida diaria.

¿Cómo vivían los romanos adinerados?

El simbolismo y los detalles arquitectónicos eran aspectos importantes de la domus romana, reflejando las creencias y valores de sus habitantes. Un ejemplo icónico de esto es el mosaico del "Cave Canem" (Cuidado con el perro), que a menudo se encontraba en la entrada de las casas romanas. Las escenas mitológicas y los retratos de antepasados no solo embellecían el espacio, sino que también reforzaban la identidad y el legado de la familia.

La Insula: La Vivienda del Pueblo

En contraste con la privacidad y el espacio de la domus, la insula representaba la vivienda urbana popular. Se trataban de construcciones diseñadas para albergar a un cierto número de familias diferentes, organizadas en bloques de apartamentos de varias plantas. Eran viviendas de alquiler, a menudo de malas calidades y con riesgos de incendios, consideradas insalubres. Ejemplos notables de insulae se encuentran en la antigua ciudad portuaria de Ostia.

Recreación de una Insula romana

El plano ideal de una insula incluía espacios como letrinas, exedras (salones o espacios abiertos), cubicula (dormitorios) y distribuidores. La precariedad de estas viviendas contrastaba drásticamente con el lujo de las domus, reflejando la profunda brecha social en la antigua Roma. Mientras que las domus eran viviendas unifamiliares espaciosas y ricamente decoradas, las insulae eran edificios multifamiliares, a menudo construidos con materiales de baja calidad y con un diseño apretado. Los habitantes de las insulae vivían en pequeños apartamentos, a menudo oscuros y húmedos, que carecían de espacio y privacidad. Estos edificios eran propensos a incendios y colapsos, lo que aumentaba el riesgo para sus residentes.

La Villa: El Refugio Rural y la Explotación Agrícola

Las villae eran edificaciones romanas que se situaban en la periferia de las ciudades o en el campo. Podían ser lujosas o modestas, y estaban estrechamente relacionadas con labores agrícolas. Las villas romanas pasaron de ser modestas viviendas rurales a magníficas residencias aristocráticas. Las primeras casas de campo que surgieron con la civilización romana eran herencia directa de los griegos. Estas haciendas estaban enfocadas a la explotación agrícola, pero poco a poco la parte habitable o domus fue ganando peso, ampliando sus dimensiones y refinando sus acabados al capricho de los nobles que las habitaban y que gestionaban la explotación de los terrenos bajo su propiedad.

Recreación de una Villa Romana

Las villas podían ser de dos tipos principales:

  • Villa Urbana/Suburbana: Más orientada al lujo y al disfrute, con comodidades similares a las de una domus, pero en un entorno rural o cercano a la ciudad. Podía incluir patios o peristilos, habitaciones privadas (cubicula), comedores (triclinium), cocinas (oecus), bibliotecas y albercas.
  • Villa Rústica: Centrada en la explotación agrícola. Incluía las "cellae familiares" (viviendas para los trabajadores), ergástulum (prisión para esclavos), corrales, estanques, establos, cobertizos, almacenes (ánforas), herrería, carpintería, hornos, tornos, prensas y molinos.

En Hispania también se levantaron interesantes ejemplos de villas. En 1968, Javier Cortes descubrió en su finca palentina los restos de una monumental villa romana del siglo IV, decorada con magníficos pavimentos de mosaico. En 2005, los arqueólogos sacaron a la luz cerca de Cuenca un bello mosaico figurativo perteneciente a una lujosa villa del siglo IV. Ahora, tras varios años de trabajo, estudio y restauración, la villa ha abierto al público y los visitantes podrán admirar uno de los mosaicos más importantes de la época en nuestro país. La Villa Romana de El Ruedo en Almedinilla (Córdoba), con su patio o peristilo, habitaciones, comedor, cocina, biblioteca, almacenes y albercas, es un claro ejemplo de la magnificencia que podían alcanzar estas construcciones.

La arquitectura de la domus romana ofrece valiosas lecciones para el diseño urbano y residencial contemporáneo. La integración de espacios funcionales y estéticamente agradables en las viviendas romanas refleja un enfoque holístico hacia el diseño que sigue siendo relevante hoy en día. La organización de las domus, con su énfasis en la vida comunitaria y la interacción social, también ofrece lecciones sobre la importancia de diseñar espacios que fomenten la convivencia y el sentido de comunidad. Además, el uso de simbolismo y detalles arquitectónicos en las domus subraya la importancia de la estética y el significado en el diseño de viviendas.

Las viviendas de la antigua Roma tenían tres modalidades principales: domus e insulae como viviendas urbanas (rica y modesta, respectivamente) y villae en el campo. Los latinos de la Italia prerromana vivían en casae: cabañas redondas o elípticas, coronadas por un techo cónico de paja. Tenían puertas cuadradas y ventanas con una o dos hojas. Se disponían sobre una base que las aislaba de la humedad.

La domus romana era la clásica vivienda de los romanos, pero no era en cambio el tipo de casa estándar. Las domus eran las viviendas de familias con un cierto nivel económico, cuyo padre de familia tenía el título de ‘dominus’. La domu romane variaba según el poder adquisitivo del propietario. En las urnas funerarias de la necrópolis del Antiguo Foro Romano se encontraron modestas cabañas de una sola habitación. Lo que podemos conocer de la historia se lo debemos a una serie de casas romanas muy bien conservadas. La más antigua es la llamada ‘Casa del Cirujano’ o Chirugo, que se encuentra en Pompeya y data del siglo III a. C.

En día a día de la antigua Roma, las domus eran mucho más que meros refugios para sus habitantes; eran verdaderos epicentros de la vida cotidiana. Estas estructuras no solo servían como hogares familiares, sino que también funcionaban como lugares de negocios, centros de culto y espacios sociales. Similar a las viviendas modernas que combinan áreas de trabajo y ocio bajo un mismo techo, las domus romanas reflejaban una fusión de funcionalidades que destacaba su importancia en la sociedad romana. La vida dentro de una domus romana era un bullicio constante de actividades familiares, sociales y comerciales. El hogar no solo servía como refugio, sino que también era un lugar de trabajo y socialización. El pater familias, como cabeza de la familia, desempeñaba un papel central en la gestión de los asuntos domésticos y comerciales. La vida social en la domus giraba en torno a eventos como banquetes y reuniones, que se celebraban en el triclinium. Estos eventos eran oportunidades para fortalecer relaciones y forjar alianzas. La hospitalidad era un valor fundamental en la cultura romana, y las familias se esforzaban por impresionar a sus invitados con elaboradas cenas y entretenimientos. El equilibrio entre las actividades familiares, sociales y comerciales en la domus refleja la complejidad de la vida en la antigua Roma.

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